Boletín N° 007

Camara de Comercio Valledupar

Festival Vallenato

Cada año, a finales de abril, Valledupar se convierte en el centro de atención de los medios de comunicación que siguen de cerca tanto a la dirigencia política de todos los órdenes, al sector privado, como a personajes de la farándula nacional, quienes son atraídos por el concurso de acordeones más importante de Colombia. En esa confusa multiplicidad de opciones para cantar, bailar y disfrutar de la oferta gastronómica y de finos licores, se reta a la resistencia corporal durante cuatro días de parranda, eventos culturales y trasnocho acumulado, período que al parecer justifica la espera de doce largos meses.

Luego de 51 años de aprendizaje, el evento producido y dirigido por la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata es un éxito comprobado. El impacto en la atracción de visitantes desborda la capacidad hotelera de Valledupar, lo que se ha solucionado de manera espontánea al vincular alojamientos localizados en ciudades cercanas del sur de La Guajira y del oriente del Magdalena, así como la vivienda de todo el que tenga algún familiar donde alojarse, mientras alquila su casa por seis días y arregla sus problemas económicos por algunos meses después del festival.

Ningún evento nacional le supera en esas fechas, porque la combinación de religión, folclor y cultura, explica más que nada la esencia y el alcance del país vallenato. Aquí encontramos cabalgatas, caravanas de camperos de la segunda guerra mundial, conferencias calificadas sobre la historia del vallenato, discusiones sobre quien es juglar y quien no y aparecen los eruditos que dirimen todas las dudas sobre política y su influencia en la economía nacional.

La vivencia del Festival tiene muchos matices: más de 100.000 visitantes interactúan con la cadena de valor del turismo. Clubes sociales y empresas con experiencia en conciertos multitudinarios, abren también sus puertas al público para ofrecer la mejor planilla de artistas, donde el vallenato es el dueño y señor tanto del día como de la noche.

Cualquier sitio que pueda concentrar a cientos de personas, es transformado para liberar la música y la emoción del espíritu. De esa manera, canchas de microfútbol y lotes enmontados se convierten por arte de magia en modernas pistas de baile. El remate de cada jornada congrega al cierre de calles hasta el amanecer, donde turistas corean la música que sale de costosos automóviles que llegan de diversos lugares, para mostrar su potencia en vatios, como si estuvieran en una playa, poseída por el reggaetón o en el cierre de una feria ganadera del centro del país.

El despliegue de sellos, marcas y patrocinadores intenta distraer la identidad de la ciudad. Uno llega a creer que pudiera estar en cualquier fiesta de algún otro lugar de Colombia donde se promociona el mismo aguardiente, las cervezas, el whisky y las mismas empresas de celulares con sus globos, pasacalles y vallas publicitarias, pero la combinación del calor y el inevitable aguacero de abril nos hace aterrizar, para seguir cantando con la garganta irritada. Eso solo sucede en Valledupar.

Si el movimiento de la economía se mantuviera en esos altos niveles durante un mes, se afectaría la composición del producto interno bruto departamental, se mantendría en alto el número de empleos y se trazaría una estrategia para enfrentar la pobreza, que en el departamento ya supera el 42%.

Vivimos en un escenario de leyenda. No tenemos que inventar nada para atraer a los visitantes, ya la historia lo hizo por nosotros. Debemos recordar que el Guatapurí no es producto de un cuento de hadas, lo tenemos aquí mismo con su propia sirena; la Sierra Nevada es nuestra referencia geográfica de altivez y trascendencia; nuestra gente es el supremo valor patrimonial; nuestros juglares son homenajeados con reverencias de alto nivel, desde todos los rincones del mundo y los caballeros andantes se siguen enfrentando cada año con sus acordeones con la ilusión de ser coronados ante todo el pueblo, como Reyes Vallenatos.

Esto que les he descrito en unos cuantos párrafos, no es una fantasía (aunque lo parezca), es nuestra realidad de cuatro días, cada año en el mes de abril, pero podría ser nuestra mayor fuente de ingresos durante todo el año, si el sector público y privado hoy, y hacia el futuro, dimensionaran que nuestra gran vocación puede ser el Turismo  Cultural, por tratarse de una de nuestras mayores potencialidades.

Cordialmente,

José Luís Urón Márquez
Presidente Ejecutivo
Cámara de Comercio de Valledupar

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